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jueves, 19 de noviembre de 2015

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Entrevista a Yvonne Laborda en la prensa local de Lleida.

En septiembre estuve unos días en Catalunya, España, de vacaciones y estuve dando un par de charlas (en Lleida y Vilafranca del Penedés) sobre la influencia de nuestra infancia: "La hija que fuimos, la madre que somos...". El periódico local el Segre de Lleida tiene un especial los domingos y me entrevistaron aprovechando mi visita.










domingo, 8 de noviembre de 2015

LA HIJA QUE FUI, LA MADRE QUE SOY. LA INFLUENCIA DE NUESTRA INFANCIA

Aquí os comparto la charla que dí el mes de septiembre en Vilafranca del Penedés en Cataluña, España. En ella hablo de la influencia de nuestra infancia. Todo aquello que nos imposibilita llegar a ser las madres o padres que nuestros hijos necesitan que seamos.
  • ¿Por qué nos cuesta tanto estar presentes?
  • ¿Por qué solemos mirar su comportamiento y no cómo se sienten?
  • ¿ Qué hay detrás de nuestros enfados y reacciones emocionales?
  • ¿Cómo poder conectar con la niña/hija que fuimos?
  • ¿Cómo sanar viejas heridas?
  • ¿Cómo reconectar con nuestros hijos?
Y mucho más... Aquí la tenéis:

martes, 20 de octubre de 2015

¿Cuál es la base de toda felicidad y paz interior?

Hace unos días me han entrevistado para una revista y quiero compartir estas dos preguntas que me hicieron entre muchas otras (en cuanto salga la entrevista completa la comparto).
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¿CUÁL ES LA BASE DE TODA FELICIDAD Y PAZ INTERIOR?

En mi opinión, la paz y la felicidad radican en poder ser quienes realmente somos y llegar a ser quienes hemos venido a ser. Parece muy simple decir esto sin embargo desde muy pequeños ya nos van diciendo lo que tenemos que hacer, cómo tenemos que hacerlo y a qué ritmo. Hoy en día todo va muy rápido y muchos adultos necesitamos que los niños crezcan también rápido y no se les da tiempo de ser niños el tiempo que realmente deben y necesitan serlo. Alejarnos desde bien pequeños de nuestros ritmos, deseos, intereses, pasiones, curiosidad, motivación… tiene consecuencias a largo plazo. Al no poder ser quienes realmente somos por tener que cumplir las expectativas de mamá, papá o el profesor nos volvemos personas inseguras y dudosas y el gran desastre ecológico es que seguiremos desconectados el resto de nuestra vida adulta sin muchas veces saber quién somos realmente, qué queremos realmente y viviendo la vida que otros han decidido por nosotros. Lo más lamentable de esta triste realidad es que la gran mayoría no somos conscientes de ello y no comprendemos porque nos pasamos gran parte de nuestra vida adulta buscando y necesitando la aprobación de los demás para sentirnos bien, fomentando la autoestima y la seguridad que no tenemos hoy pero que un día sí tuvimos pero nos fue arrebatada por tener que adaptarnos a los adultos y a su entorno.

Ser bebes es necesario para poder ser niños. Ser niños es necesario para poder llegar a ser adolescentes. Ser adolescentes es necesario para poder ser adultos. Cada etapa está diseñada para ser vivida no para que sea la preparación para la próxima. Nos pasamos la infancia preparándonos para ser adolescentes y nos pasamos la adolescencia preparándonos para ser adultos. Yo me pregunto: ¿cuando vamos a dejar a los niños simplemente ser niños el tiempo que dura la niñez? La infancia es la etapa más corta de un individuo. No obstante, es la que nos marcará para el resto de nuestra vida.

Si realmente queremos tener paz interna tenemos que poder reconectar con ese ser interno que todos tenemos pero que hemos perdido y olvidado.

No es casual que mi especialidad como terapeuta sea precisamente la influencia de nuestra infancia en el adulto que somos. Después de una gran indagación personal, trabajar con niños 15 años como profesora y de formarme como terapeuta pude recuperar a mi niña interior y conectar con la mujer que realmente soy y hoy en día mi voluntad y pasión son compartir todo lo aprendido y ayudar a otras personas, principalmente madres, a ser las mamas que sus hijos necesitan que sean. En la Tribu de Madres Conscientes, junto a Maria José y 95 madres más lo estamos consiguiendo.

¿RECOMENDARÍAS SOÑAR DESPIERTO?

Por supuesto que recomiendo soñar despierto y desear desde lo más profundo de nuestros corazones. Soñad todo aquello que realmente os mueve por dentro. Hablad de ello, escribir sobre ello, compartirlo y lo podréis crear.
Hace 20 años mi gran sueño fue poder estar haciendo lo que actualmente estoy haciendo. Quería cambiar mi vida radicalmente, ser de otra manera, entender mi pasado, formar mi propia familia, dedicarme a lo que realmente me apasiona que es hablar y escribir. Quería hablar y escribir sobre todo lo que yo he aprendido y de cómo ser madre me ha hecho ser mejor persona. Quería ayudar a otras madres y personas a cambiar aquello de sus vidas que les estaba haciendo sufrir.
Dar lo que no se tuvo duele. Poder llegar a dar a mis hijos y mi pareja lo que yo no tuve me ha sanado y prometí compartirlo. Por eso me dedico a dar voz a los niños y niñas que todos fuimos para luego poder dar voz a nuestros hijos y niños en general.
Cambiar es posible, y más de una vez en la vida, pero primero hay que creer en ese sueño y el siguiente paso nos lo dará la vida. Cuando realmente estemos preparados empezarán a aparecer las personas y las experiencias necesarias para cada uno de nosotros. No es casual que estés leyendo esto ni que yo lo haya escrito precisamente para ti. Gracias por darme la oportunidad de compartir quien soy.
TRIBU DE MADRES CONSCIENTES: CLICK 

viernes, 10 de abril de 2015

Lo que más me ayuda a ser la mamá que mis hijos necesitan que sea.


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Quiero compartir este artículo de mi web: CLICK

Ser la madre que cada uno de nuestros hijos necesita que seamos no es tarea fácil. No es lo mismo ser madre de un hijo único que serlo de 3 o 6 niños. Tampoco es lo mismo tenerlos todos seguiditos o que se lleven muchos años ni tampoco es lo mismo tener un bebé que una niña de 8 años o un adolescente de 16. Las necesidades de cada hijo y en cada etapa van variando y mucho. Cuando empezamos a pensar que ya estamos en buen camino y satisfaciendo las necesidades de cada hijo, de repente surge algún conflicto o viene algún cambio inesperado que ro
mpe la armonía del momento o del día. No podremos evitar este crecimiento y aprendizaje constante como madres que somos pero sí es necesario no salirnos del camino demasiado ni demasiadas veces.


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viernes, 13 de marzo de 2015

La importancia de satisfacer las necesidades de los niños.

Quiero compartir este artículo de mi nueva web en donde hablo de la importancia de satisfacer las necesidades de nuestros hijos y como a veces no podemos... CLICK para LEER



Para poder criar a nuestros hijos de la forma en que la Naturaleza y la Vida misma lo programó, estableció y diseñó, primero tenemos que poder conectar con nuestras propias necesidades no satisfechas y luego averiguar qué es lo que un niño realmente necesita.
¿Cuáles son esas necesidades básicas y primarias?
Las necesidades primarias más básicas serían las siguientes:
  • Fisiológicas: Necesidad de alimento (lactancia materna), bebida y refugio. Para un bebé esto sería contacto y apego. Satisfaciendo dichas necesidades se garantiza la supervivencia.
  • Seguridad: Sentirse protegidos y psicológicamente y físicamente seguros, acariciados, besados, amparados, mirados y escuchados. Esta necesidad la tienen los bebes, los niños e incluso los adolescentes.
  • Motrices: La posibilidad de moverse y desarrollarse en libertad. Necesidad de movimiento espontaneo libre constante.
  • Pertenencia y amor: Sentirse queridos, aceptados, tenidos en cuenta y saber que pertenecen al grupo y a la familia.
  • Estima: Necesidad de respeto y valoración por quienes son, el sentirse útiles.
  • Auto realización: La necesidad de crecer, aprender, evolucionar, el autoconocimiento, conocimiento intelectual, razonar, la necesidad personal de alcanzar la plenitud.
¿Por qué, hoy en día, necesitamos que alguien nos recuerde estas necesidades?
Hemos perdido la capacidad de fusionar y conectar con neutros bebés, niños y adolescentes. Estar fusionados con un bebé es sentir lo que el bebé siente y por tanto satisfacer su necesidad debería ser un acto instintivo. Cuando no existe tal posibilidad de fusión, debido a la falta de recuerdo emocional de dicha fusión en nuestra experiencia infantil, ser la madre que nuestros hijos necesitan que seamos no es tarea fácil ni se puede lograr sólo con buena voluntad. Tenemos que conectar con nuestra realidad personal. Lo que si solemos hacer es intentar interpretar lo que le pasa al niño y desde esa interpretación intentamos satisfacer su necesidad. Cuando interpretamos no estamos fusionando ni conectando. ¿Querrá mamar? ¿Estará sucio? ¿Tendrá hambre, frío, calor? Si llora mucho podemos pensar que es muy demandante. Esto se ve desde nuestra mirada adulta no desde lo que realmente le está sucediendo al niño. El bebé tiene dos instintos básicos de supervivencia: Succionar, el cual le proporciona el alimento, y el llanto, el cual le asegura la presencia de mamá para satisfacer su necesidad. Un bebé nace inmaduro y dependiente. Cuanto más satisfacemos dicha necesidad de apego, contacto, mirada, sostén… más seguro y lleno de mamá estará y por tanto menos dependiente será en posteriores etapas. Muy al contrario de lo que se suele pensar: Cuanta más mamá le damos más va a querer y precisamente es todo lo contrario: cuanta más mamá obtienen en la primera infancia más saciados y llenos están para afrontar su nueva deseada independencia. Si no podemos satisfacer la etapa de la dependencia es cuando quedan carencias emocionales no satisfechas las cuales arrastramos el resto de nuestras vidas.
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lunes, 21 de julio de 2014

EL MAYOR PELIGRO DEL UNSCHOOLING.



Seguro que muchos de vosotros pensaréis que no puede haber ningún “peligro” a la hora de ser respetuoso y flexible con los ritmos, intereses, pasiones y motivaciones de los niños, ¿verdad?

Personalmente, yo sí veo que pueda haber algunos peligros al relajarnos con exceso con el pretexto de ser respetuosos. Me explico, puede haber algún padre o madre que piense que lo mejor será no intervenir en el aprendizaje de los niños. Que ellos van aprendiendo lo que necesitan y quieren en cada momento. Eso sí es así pero en mi opinión, SÍ hay que estar PRESENTE a diario y mucho. Cuando un niño muestra interés por algo y no se le acompaña en ese preciso instante, el interés puede quedar perdido hasta la próxima vez que se ilumine o que le venga en mente algo sobre aquello. Hay quienes dicen que si realmente le interesa eso ya volverá a preguntar o a mostrar señales. No obstante, ¿por qué perder esa maravillosa oportunidad ahora para poder compartir con él y tener que esperar a la próxima vez?.

Con el pretexto de ser unschoolers he visto algunas familias muy relajadas con niños que no saben muy bien qué hacer, aburridos muchas horas al día y mamas que van haciendo sus cosas por la casa sin realmente estar allí presentes con los niños ya que ellos “solos” van aprendiendo y haciendo lo que quieren, desean y necesitan. A veces podemos confundir libertad y respeto por los procesos naturales de vida y aprendizaje con libertinaje o falta de atención por parte de los padres. Si pasamos muchas horas con nuestros hijos durante el día es lógico que nos cansemos de sus juegos o de que necesitemos estar con otros adultos, con nuestra pareja o hacer lo que nos guste… pero es muy importante que las horas que sí estamos con ellos estemos con presencia en el aquí y el ahora. Interesándonos por sus cosas, hablando, compartiendo sus juegos, viendo las señales de alerta cuando sus necesidades no están siendo satisfechas. Como ya he dicho en varias ocasiones para que un niño pueda  y quiera aprender necesita tener sus necesidades más básicas de afecto, atención, emocionales, motrices… satisfechas. En mi opinión, la clave está en dar antes de que necesiten pedir. Una vez han pedido, ya hay carencia. Si damos demasiado ellos ya nos lo harán saber.

Os voy a confesar algo. En alguna que otra ocasión me he visto a mí misma inmersa en mis cosas (cocinando, pensando, hablando por teléfono, hablando con mi pareja, leyendo, contestando mails, escribiendo, preparando talleres, tendiendo la ropa, barriendo…) y olvidándome de que tengo a 3 tesoros por la casa. Al verlos entretenidos con sus cositas he ido de una tarea a otra. Al ver que están en el patio, me pongo a barrer, como aún siguen allí empiezo a cocinar, luego suben y se ponen a hacer no sé qué en el comedor… Allí ya empieza algún que otro conflicto… no intervengo ya que parece que lo solucionan ellos mismos. Pero, no… al cabo de otro ratito se vuelven a disgustar por algo… Uno grita, otro se enfada y el tercero viene llorando a la cocina y “click”. En ese preciso instante me doy cuenta de que llevan un par de horas o más “solos” sin que yo ni su padre estemos con ninguno de ellos. No he estado presente durante esas dos horas en ningún momento todo y que no he dejado de estar allí, en la casa, con ellos. Eso no es presencia, eso no es acompañar, eso no es respetar, eso no es dar libertad… Eso es simplemente no estar presente. Cuando me doy cuenta de que no he estado presente paro y empiezo de nuevo o rebobino.

Cuando los niños no nos ven presentes o no estamos dispuestos a satisfacer sus necesidades en el aquí y el hora y les decimos: “ahora no puedo, espera, luego, hazlo tu…”  es cuando empiezan a estar inquietos, aburridos, se enfadan, piden comida… Si no nos tienen cuando nos necesitan tienden a hacer cosas para que nos demos cuenta de que están allí. Si no nos acercamos nosotros por puro placer de estar con ellos, si no somos nosotros quienes nos interesamos por sus cosas, si no somos nosotros quienes nos acercamos y les damos un beso sin más y luego seguimos con lo nuestro, si no somos nosotros quienes les llevamos un zumo de limón mientras juegan en el patio, si no somos nosotros quienes les llevamos algo para picar cuando están en el ordenador, si no somos nosotros quienes estamos presentes para ellos… bien seguro que ellos sabrán como tenernos a su lado aunque sea teniendo que discutir con sus hermanos.

Ellos saben lo que legítimamente les corresponde y si no lo pueden tener de un modo sano lo buscaran de otro. No sería más sano que nos tengan simplemente porque nosotros queremos estar con ellos en vez de que nos tengan que "suplicar". No olvidemos que nadie pide lo que no necesita.

Aunque yo piense que mis hijos tienen todas sus necesidades satisfechas y que tanto yo como su padre les queremos incondicionalmente me doy cuenta de que no siempre es así. Una cosa es que yo piense que están satisfechos y otra muy distinta es que ellos se sientan así. Yo puedo decir que les quiero mucho pero eso no vale para nada si ellos no se sienten queridos por mí. El amor que yo siento por ellos debe llegarles, tienen que sentirlo así, de lo contrario no les nutre. ¿Cómo me doy cuenta? Su comportamiento me dice cuando no he estado suficientemente presente. Sus emociones, por consiguiente su comportamiento, son como los indicadores del coche que nos dicen que falta aceite o gasolina. Su comportamiento y sus emociones nos pueden estar diciendo “necesito más mamá o más atención”. Un niño feliz, respetado, tenido en cuenta… se siente bien por tanto su comportamiento es armonioso. Cuando alguna necesidad no está siendo satisfecha y no estamos presentes los niños ya no se sienten tan bien por lo tanto su comportamiento deja de ser armonioso.

Su comportamiento nos indica que algo no marcha bien. Y casi nunca el problema es de ellos sino más bien nuestro. Somos nosotros los adultos los que tenemos que satisfacer las necesidades de los niños y no los niños las nuestras.

Tenemos que buscar momentos en donde poder satisfacer nuestras necesidades para empoderarnos y seguir siendo las madres y padres que nuestros hijos necesitan que seamos.

En mi opinión, la falta de PRESENCIA es el mayor peligro a la hora de criar a nuestros hijos. Tanto si somos homeschoolers como unschoolers o los tenemos escolarizados nuestra presencia diaria debería ser de calidad. Estar presente no es hacernos simplemente compañía, es mucho más que eso.

Estar presente es tener el culo en el suelo y jugar con ellos, es escuchar la misma canción una y otra vez por qué a nuestro hijo le encanta, es ver esa peli con ellos aunque ya la hayamos visto 3 veces esta semana, es escucharle y mirarle atentamente cuando nos habla, es leerle ese libro otra vez, es mirarlos mientras juegan solos, es cocinar con amor sus platos preferidos, es llevarlos a los sitios que más les gustan, es interesarnos por las cosas que a él o a ella le interesan, es darle más de aquello que le gusta, interesa o apasiona, es preguntarle cómo se siente, es ofrecernos para lo que necesiten, es mostrarles el mundo a través de nuestros ojos…

Estar presente no es olvidarme de ellos mientras yo hago lo mío, no es  pensar que ellos se las arreglan solos, no es esperar a que me llamen 3 veces antes de atenderles, no es posponer lo suyo siempre ante lo mío, no es aburrirme cuando estoy con ellos, no es pensar en mis cosas mientras hago ver que estoy allí, no es hacer 4 cosas a la vez, no es ir con prisas…

En mi opinión, el mayor peligro de una mamá unschooler (y os lo digo por experiencia) puede ser precisamente la falta de presencia con el pretexto de que yo respeto a mis hijos y les dejo hacer lo que quieren en cada momento.


domingo, 30 de marzo de 2014

La influencia de nuestra infancia a la hora de relacionarnos con nuestros hijos y demás personas.

La influencia de nuestra infancia en cómo criamos y educamos a nuestros hijos.

La infancia que cada uno de nosotros ha tenido y ha vivido deja su huella al caminar. En ocasiones somos clones de papá o mamá: hablamos como ellos, nos comportamos como ellos, incluso podemos llegar a pensar cómo ellos… Otras veces no queremos ser cómo mamá o papá y entonces actuamos por oposición: no quiero usar sus mismas palabras o frases, no quiero vestir cómo él o ella, no quiero parecerme a ellos…

Ser auténticos y sinceros con nosotros mismos a pesar de lo vivido es tarea difícil. Tanto si repetimos lo vivido (ellos me hicieron por tanto yo ahora te hago) cómo si nos oponemos a ello (no voy a ser cómo ella o cómo él en nada) nos aleja de esa autenticidad única que cada uno de nosotros ya tiene y es.

¿Cómo puedo saber que lo que hago, digo y pienso lo hago como Yvonne y no simplemente por repetición (al haber sido la hija de…) o por oposición (no voy ni quiero ser como ellos)?

No es nada fácil llegar a saber que partes de mí son realmente mías y cuales prestadas. Los introyectos que nos “tragamos” de pequeños sin digerir son los que solemos repetir, sin darnos casi ni cuenta, con nuestros hijos. Por introyectos entendemos todas esas órdenes, todos esos mandatos, todas esas creencias, todas esas frases que nos decían u oíamos. Por ejemplo los que venían de la familia: tú no sabes, tú no vales, no interrumpas cuando los adultos hablan, vete a la cama, déjame, no molestes, ¿dónde vas con esa ropa?, con las manos no se come, el pelo así no te queda bien, tu opinión no importa, no botes, para ya, ¿Cuántas veces te he dicho que…?, a mí no me mires así, hay que estudiar para llegar a ser alguien de provecho, importa más lo que uno tiene que lo que uno es… Los que venían del cole: cállate!, ahora eso no importa, ¿eres tonto o qué?, tienes que hacerlo te guste o no, tienes que estudiar sino en un futuro no serás nadie, siéntate bien, no hables con…, los deportes y lo artístico no son importantes… Los culturales: los niños no lloran, compórtate como una señorita, los niños ver, oír y callar, da las gracias, di por favor, dale/dame un beso, los niños juegan a pelota y con coches y las niñas con muñecas, hay que tener carrera, trabajo, coche, casarse y tener hijos antes de los 35… Introyectos recibimos y seguimos recibiendo cada día de nuestras vidas. Lo importante es saber con cuales me quedo porque me sirven y cuales descarto porque ya no me sirven. Cuales me he creído y cuales ya no me creo. En vez de tragárnoslos sin digerir, podemos saborear algunos que sí van con nosotros y desechar los que no van con nosotros. Todos hemos recibido mensajes sutiles de cómo teníamos que ser, cómo nos teníamos que comportar, qué podíamos o no decir y cuándo. Y para tener el reconocimiento, la aceptación o la atención de mamá, papá, el profesor, el abuelo… hacíamos lo que ellos esperaban de nosotros. Entonces es cuando empezamos a dejar de ser nosotros mismos por miedo a ser rechazados, no tenidos en cuenta o no queridos ni aceptados tal y cómo éramos. ¿Eso es lo que queremos que les vuelva a ocurrir a nuestros hijos? Yo no quiero que mis hijos se pasen media vida buscándose a sí mismos cómo estamos haciendo muchos de nosotros hoy en día.

Porque nos cuesta tanto cambiar todo lo aprendido? ¿Qué imposibilita el cambio?

Primero que todo, yo diría que la falta de modelos es una cuestión muy importante. ¿Cómo podemos dar algo que no hemos recibido ni sentido? Si no tenemos ningún registro emocional de haberlo vivido  o sentido es muy difícil poder darlo y encontrarlo dentro de nosotros. Si no fuimos respetados ni tenidos en cuenta del modo en que todo niño legítimamente le tocaría serlo, ¿cómo voy a poder empatizar con las necesidades de mi bebé y luego con las de mis hijos pequeños y por último con las de los adolescentes? Hoy en día nos hace mucha falta poder ver cómo SÍ es posible relacionarnos con los niños de otro modo. Sin autoritarismos, ordenes, presiones, obligaciones, castigos,premios… Y con más respeto, libertad, confianza, armonía, paz, amor… Pero, ¿dónde están todos esos modelos?

En mi opinión, también pienso que el hecho de no ser fiel a papá y mamá puede ser un gran impedimento a la hora de querer o ver necesario un cambio. Si hago las cosas distintas a como ellos las hicieron es como si no les aceptará, no los reconociera, los desaprobará... Podemos llegar a entender, comprender y validar el por qué nuestros padres lo hicieron cómo lo hicieron pero eso no significa ni quiere decir que nosotros tengamos que hacerlo igual. Podemos decidir y tenemos el derecho de poder hacerlo distinto. Ellos lo hicieron lo mejor que en ese momento pudieron hacerlo aunque nosotros hayamos sufrido algunas consecuencias de sus actos. No olvidemos que ellos también vivieron su infancia de manos de nuestros abuelos. Pero el aquí y ahora con nuestros hijos  está en nuestras manos en este preciso instante. Mi próxima interacción con ellos puede ser y quiero que sea más armoniosa y amorosa. Nosotros podemos escoger qué haremos con todo eso que me ocurrió, con todo eso que me hicieron, con todas esas palabras y frases que aún me hacen eco en la cabeza. No solo nos afecta lo que nosotros vivimos si no también lo que nuestros hermanos y hermanas tuvieron que vivir mientras nosotros éramos testigos.

Yo escojo responsabilizarme de mis actos.

¿Qué podemos hacer con todos esos “automáticos” que nos salen sin casi darnos cuenta?

Deberíamos preguntarnos: ¿qué me enfada tanto? ¿cuál es el detonante y cuál la causa real? ¿en qué momento me sale el automático? ¿con qué conecto? ¿dónde y de quién lo aprendí?

Cuando nos enfadamos, muchas veces, lo que sentimos es un reflejo de experiencias vividas en nuestra infancia. El corazón se nos acelera a medida que vamos emitiendo juicios sobre lo sucedido, la cara enrojece, la visión se estrecha y estamos a punto de hacer o decir algo que seguro va a empeorar las cosas.

Como algunas de nuestras heridas no pudieron ser sanadas cuando éramos niños es más fácil que cuando alguien despierta esas viejas heridas en nosotros, explotemos. Lo que nunca pudimos hacer o decir de niños lo hacemos o decimos de adultos. Lo trágico es que descargamos nuestras frustraciones y nuestra rabia contra las personas equivocadas (en nuestros hijos en vez de contra nuestros padres, profesores, abuelos, vecinos…). Así es como este patrón sigue generación tras generación.  

¿Qué propósito tiene nuestro enfado?

Cuando nos enfadamos nos desconectamos de nuestra esencia y de lo que nos hace sentir bien. Es una señal de alarma que nos dice que alguna necesidad no está siendo satisfecha como es debido. En vez de reprimir lo que sentimos y enjuiciar a los demás, lo que podemos hacer es descubrir que necesitamos y satisfacer tales necesidades de una forma más constructiva y amorosa. Podemos pedirle al otro que nos ayude a satisfacerlas hablando de qué me pasa a mí cuando… y de cómo me siento en vez de exigirle que lo haga.

Las emociones de hoy conectan con las emociones y necesidades pasadas. Y cuando nos enfadamos lo que nos sale es nuestro niño/a herida. En realidad no somos los adultos los que discutimos o nos enfadamos sino que salen nuestros niños interiores. Cuando gritamos, criticamos, enjuiciamos, castigamos, peleamos… con nuestros hijos, allí no hay un adulto y un niño sino que lo que hay son dos niños. Nuestro hijo/a y  nuestro niño interior.  El desencadenante de nuestro enfado no es la causa. La causa suelen ser nuestros pensamientos sobre aquello que ha pasado o se ha dicho. Y los juicios que nosotros emitimos sobre lo que ha pasado. Esos juicios los aprendimos de pequeños. Nuestros padres, profesores, abuelos los emitían a los demás adultos o hacia nosotros mismos por lo tanto eso lo aprendimos hace mucho tiempo.

A veces nos cuesta mucho saber identificar qué es lo que sentimos realmente. Recuerdo una conversación que tuve con una amiga hace poco. Ella me dijo (después de una disputa con su hija): “Siento unas ganas tremendas de pagarle”. Yo le dije que eso no era un sentimiento. Al cabo de unos segundos me dijo de nuevo: “Siento ganas de gritar”. “Eso tampoco no es un sentimiento le dije de nuevo, es una reacción emocional. Tú quieres gritarle y pegarle porque te está haciendo sentir de algún modo, ¿verdad?”. Ella entonces se quedó en silencio unos instantes y finalmente respondió: “Me siento muy, muy impotente y frustrada”. Ahí lo tenemos pensé. Está llegando a la raíz de sus reacciones. Su impotencia y frustración la hacían relacionarse de ese modo con su hija. En ese momento podría haber salido la terapeuta que hay en mí  y le hubiese podido decir: “¿Qué edad tenías la primera vez que sentiste esa misma impotencia y frustración? ¿Quién te hacía sentir así?”. El comportamiento de su hija la estaba conectando con sus heridas pasadas.

El único modo que tenemos para poder entender y honrar los sentimientos de nuestros hijos es honrando y aceptando los nuestros primero. Cuando no conectamos con nuestras propias emociones y sentimientos somos incapaces de entrar en el mundo emocional de nuestros hijos.

Un sentimiento viene del corazón. Una reacción emocional es un mecanismo automático que viene de nuestro patrón inconsciente del pasado.

Según los principios básicos de la Comunicación no Violenta, cuando nos enfadamos es porque escuchamos nuestros pensamientos y emitimos juicios sobre lo que la otra persona ha hecho o dicho. Entonces nos sentimos mal. Hay algo que nos hace sentirnos incómodos y detrás de ese sentimiento hay una necesidad no satisfecha. Las necesidades no satisfechas que más nos llevan al enfado son: la no aceptación, no sentirnos queridos, no tenidos en cuenta,  no sentirnos importantes, no disponer de suficiente tiempo, la necesidad de paz y tranquilidad, la falta de silencio, la falta de conexión con nuestros padres, parejas o hijos…

Cuando nuestras necesidades están satisfechas nuestros sentimientos son agradables, por tanto, nuestra actitud es armoniosa.

Un ejemplo podría ser este. Imaginemos que una mamá está sola en casa todo el día con sus dos hijos y cuando llega el padre tarde por la noche de trabajar ella explota diciendo: “Tu ahí sentado sin hacer nada y yo todo el día aquí sin parar con la casa y los niños…” Esta mujer dice estar enfadada con su marido por que no la ayuda. Sus pensamientos o juicios quizás sean: es un vago, un egoísta, no se preocupa por nosotros, yo no le importo, no me cuida… Lo que esta mujer no ha hecho es hablar de ella y de cómo se siente y qué necesidad hay detrás de lo que siente ni tampoco le ha pedido nada al marido. Le podría haber hablado de ella diciendo: “Estoy cansada y agotada, te echo mucho de menos, me encantaría poder hablar contigo y que me hicieras un masaje en los pies.” Las mujeres solemos dar por sentado que nuestras parejas saben lo que queremos y necesitamos aun sin que se lo digamos, ¿verdad? ¿Dónde aprendimos a comunicarnos así? Pues, sin duda en nuestra infancia. ¿Cómo se trataban nuestros padres? ¿Qué modelos nos daban? Lo que  esta mujer quizás sienta y necesite sea: me siento sola, te necesito, te echo de menos, quiero que me abraces y me escuches… Solemos actuar y pedir desde la crítica en vez de hablar de nosotros, nuestras necesidades y de lo que nos pasa por dentro. La carencia que esta mujer tiene y siente ahora no es solo de este preciso momento. El aquí y ahora la hacen conectar con sus carencias pasadas.

Cuando a alguien le hablamos de cómo nos sentimos y de qué necesitamos la otra persona crea menos resistencias que si empezamos con críticas y reproches, ¿verdad?

Para que esos automáticos dejen de salir sin pensar ni darnos cuenta lo mejor que podríamos hacer es responsabilizarnos de nuestro niño/a interior. ¿Cómo? Dándole nosotros lo que mamá y papá no pudieron darle en su día. Podemos tener un dialogo con él o ella y decirle que le queremos tal y como es, que le aceptamos tal y como es hoy, que lo que es, hace y siente esta bien… También le podemos preguntar qué necesita y qué echa de menos ahora. Si nosotros nos hacemos cargo de nuestro niño/a interior ya no le hará falta salir tan a menudo pidiéndole a nuestros hijos, parejas, familiares y amigos que le den lo que no le fue dado de niño. Nuestros automáticos ya no tendrán tanta necesidad de salir si nos preocupamos de nuestro niño/a interior. Un ejercicio que hicimos, el año pasado, en el intensivo de “Figuras Parentales” en mi formación de Psicoterapia Gestalt, el cual me gustó muchísimo, fue escribirle una carta a nuestro niño/a herido.

Algo que a mucha gente le va muy bien es expresar la rabia, el enfado y la frustración reprimidos golpeando un cojín por ejemplo o gritando al viento. Una vez nos hemos desahogado podemos gritar lo que necesitamos y sentimos. A mí personalmente, lo que me suele ir super bien es escribir lo que siento ahora o lo que sentí entonces y lo que necesito ahora. Lo importante es saber que esas emociones que salen como automáticos (gritos, críticas, insultos, ganas de pegar…) son antiguas y el simple hecho de darme cuenta de esto hace que yo pueda responsabilizarme de mis actos. Repito, ¿con qué conecto en ese preciso instante? ¿qué necesidad hay detrás de lo que estoy sintiendo?

Tratar a los niños y relacionarnos con ellos con amor y respeto nos puede ayudar a sanar viejas heridas. Tratemos a todos los niños de nuestra vida como nos hubiese gustado que nos trataran a nosotros de niños. Démosles todo el amor, aceptación, atención… que a nosotros nos faltó y cambiemos la historia de su vida.

¿Cómo podemos sanar viejas heridas de nuestros hijos?

Primero disculpándonos y perdonándonos a nosotros mismos, luego simplemente dándoles el doble de lo que les falto en su día: el doble de amor, el doble de atención, miradas, aceptación, besos, abrazos, conversaciones, masajes… Cuando nuestros hijos están dormidos me gusta darles las gracias por ser cómo son y también me disculpo por errores que he cometido o cosas que les he dicho o hecho. Aunque ya se lo haya dicho en persona me encanta volver a hacerlo mientras duermen. Me parecen momentos mágicos. También lo suelo hacer con mi pareja. Verlos allí durmiendo a todos (nosotros practicamos colecho) mientras yo les voy susurrando cositas a cada uno me emociona mucho y mi niña interior se va sanando poco a poco. ¿Qué daría yo por poder oír a mi madre o a mi padre decirme algunas de las palabras o frases que yo les digo a mis hijos? De hecho también me las digo a mi misma de vez en cuando y de un modo u otro me sirve, a mi niña interior le sirve.


Démosles otro modelo, el mejor que podamos y esté en nuestras manos, para que, de este modo, ellos puedan criar a sus propios hijos aún mejor que nosotros lo hemos hecho con ellos y así podamos romper la cadena de una vez por todas y para siempre. Seamos el cambio que ellos necesitan ver y sentir.

domingo, 14 de julio de 2013

viernes, 28 de junio de 2013

¿QUÉ PASA CON LAS NECESIDADES DE MAMÁ?


Llevo unos días un poco cansada, estresada, agobiada…

 

Desde que empecé mi formación en Psicoterapia Gestalt, el pasado setiembre, estoy notando cosas en mí que empiezan a repercutir en mi familia y en la gente que me rodea. Es inevitable que esto  ocurra ya que si uno cambia o se siente de un modo distinto al habitual, pues, la gente lo percibe y nuestro entorno, también, cambia. No es que “ellos” cambien sino que lo que cambia es nuestra manera de ver y vivir las cosas. Por lo tanto, algunas de mis necesidades, como mujer y no solo cómo mamá, no están siendo satisfechas y estoy teniendo una, pequeña, lucha conmigo misma sobre cómo poder llegar a satisfacerlas sin olvidarme ni dejar de lado las de mis hijos y mi pareja, por no nombrar las de nuestros amigos y familiares…

 

He tomado una decisión al respecto. A partir de hoy, 25 de junio de 2013 (coincidiendo, más o menos, con el solsticio de verano), me voy a dar una hora como mínimo al día para mí cada día. Mis hijos se quedarán con su padre. Ya tengo las horas de noche cuando todos duermen y me pongo a leer, escribir, ver documentales, hablar con mi pareja… Pero necesito salir de casa sola. Cuando estamos en encuentros con otras  familias es distinto ya que los niños juegan y nosotras, las mamás o papás, hablamos pero mi necesidad de hoy, ahora, es de estar sola conmigo misma en silencio. Quiero ir a pasear, correr, nadar, pensar, conducir, meditar… sin tener que estar pendiente de nadie más que de mí misma. Necesito tenerme más en cuenta, escucharme más, oírme más, quererme más…

 

Últimamente me he tenido un poco, por no decir muy, olvidada. Hasta ahora no he podido tomar una decisión como esta porque, de algún modo, me sentía mal, culpable, por tener la necesidad de no estar con mis hijos todo el tiempo. Yo quería estar siempre con ellos y a la vez sentirme siempre bien. Y tengo que admitir que no siempre ha sido ni es así.

 

He dejado ese sentimiento de culpa de lado y he visto que mamá, también, es importante y que mamá, también, tiene necesidades y satisfacerlas son importantes para ella e indirectamente benefician al resto de la familia. Cuando me noto cansada, estresada… no tengo tanta paciencia, me altero más por dentro, no soy tan creativa a la hora de resolver los conflictos entre mis hijos, no me apetece hacer tantas cosas con ellos… Cuando me noto así intento hacer cosas con ellos que me gusten a mí o cuando llega su padre me pongo a hacer algo que tenía pendiente…  Si yo no me siento bien ellos lo notan y, al igual que ellos, ya no actúo tan bien.

 

Pienso que es muy importante que ellos vean que mamá necesita tiempo para ella misma y que estar sólo con papá mientras mamá hace algo que quiere, necesita o desea, también, es un buen modelo. Cuando ellos crezcan también sabrán escucharse mejor a sí mismos si ya lo viven de pequeños en casa. Ellos saben que los queremos con locura y que toda nuestra vida gira entorno a ellos y sus necesidades pero también es muy importante que mamá cargue pilas para luego estar más disponible y más presente.

 

Cuando me tomo esos “respiros” soy otra persona y me entran unas ganas tremendas de estar con ellos, reírme, tirarme por el suelo, bailar, jugar… Esta sensación la he aprendido desde que hago la Gestalt porque un fin de semana al mes tengo formación: viernes por la tarde, sábado y domingo. Desayuno, como y ceno con ellos pero las horas que estoy en “clase” (4-5 seguidas) son fantásticas para mí.




Nuestras necesidades y las de nuestros hijos no tienen por qué estar reñidas. Hace un año y medio que tengo el blog. Antes no podía ya que mi hija pequeña no dormía tantas horas del tirón y tenía que tenerme cerca para ir mamando por la noche. A partir de los 3 años subía a dormirla pero luego volvía a bajar para estar con Ainara y Urtzi o hasta que se despertaba y entonces ya me subía a dormir. Poco a poco fue alargando hasta ya dormir toda la noche. Ahora ya tiene 4 y medio. Entonces me plantee volver a estudiar de noche, leer más, volver a escribir… No obstante, me doy cuenta que todo lo que hago de noche para sentirme llena y satisfacer algunas de mis necesidades es muy mental, racional, intelectual… Mi mente me pide acallarse y mi cuerpo pide “marcha”. Necesito algo de ejercicio, silencio interior, pensar menos y moverme más… Antes de ser madre solía ir a correr varios días por semana y me sentaba de maravilla. Ahora, también, lo he hecho algunos días pero me llevo a los niños conmigo y eso no es lo mismo. No estoy al 100% por mí.

 

Os animo a cogeros unos minutos cada día para estar con vosotras mismas solas. Tomaros un baño caliente, depilaros, escuchar música, salir a dar un paseo, ir en bici… lo que sea pero solas sin los hijos. Nada de sentirnos culpables. Al volver a estar con ellos es como un re-enamoramiento, os lo puedo asegurar. Las que tenéis bebés disfrutar de los bebés al 100% por 100%. Ellos son lo primero sin duda.

 

Queremos ser tan perfectas y hacerlo todo tan bien que ese perfeccionismo es, precisamente, lo que no nos deja sacar lo mejor que hay en cada una de nosotras.

 

lunes, 22 de abril de 2013

Este nuevo BLOG promete.

Aquí os dejo este blog de una hija ya adulta educada en casa. Ella muestra hojas del diario de su mamá en los años 80. La verdad es que promete.

http://www.homeschoolretrospective.com/

Aquí os copio un poco de su primera entrada:
 
"I am nearly the age my mother was when I was born. And I have been looking
back at her choices, her experience as a parent. I have been looking at
myself and my sisters. Who we are, now, as shaped by the unconventional
approach to our education.

I am writing this blog to ask the question: what is the difference is
between the first generation of homeschooling parents to bring the idea
into the mainstream, and the first generation of homeschooled and
unschooled adults to reach parenting age? In that space and time between
generations, what have we learned? How have we changed? What would I do
differently from my mom?"

 

jueves, 18 de abril de 2013

MOTIVACIÓN EXTREMA.

Aquí os dejo estos cortos videos de dos chicos que me han llegado al alma. Poder es querer y soñar es llegar a ser.


                                                             TONY MELENDEZ



                                                                           NICK


 

lunes, 25 de marzo de 2013

Criar con Apego.


Muchos pensamos que estamos criando con conciencia, con respeto y apego. Y que estamos satisfaciendo las necesidades de nuestros hijos pero el comportamiento de nuestros hijos, en ocasiones, nos demuestra todo lo contrario.

 

En este otro artículo hablé sobre las necesidades básicas de los niños. En caso de no haber podido satisfacerlas en un pasado por el motivo que fuese, aún estamos a tiempo de poder sanar esa relación entre padres e hijos y crear una relación de confianza, respeto y sobre todo de amor. Simplemente debemos estar dispuestos, hoy, a dar el doble de amor, el doble de comprensión, el doble de conexión, el doble de confianza, el doble de empatía… para poder así sanar las heridas de necesidades no satisfechas.







Nuestra cultura industrializada hace que la mayoría de padres y madres criemos a nuestros hijos de forma que daña la relación entre ambos y no es una relación de apego ni de confianza ni respeto mutuo. La mayoría de los niños de nuestra cultura (incluyendo los nuestros) no están teniendo sus necesidades más básicas físicas y emocionales satisfechas.

 

Aun sin haber practicado una crianza respetuosa con apego desde el principio, siempre es posible sanar esa relación tengan la edad que tengan nuestros hijos. Nunca es demasiado tarde para intentar satisfacer antiguas necesidades no satisfechas. Claro que cuando antes se empiece esta sanación-relación más necesidades podremos satisfacer y  más probable es que se tenga una relación de seguridad, confianza, respeto, amor…

 

Pam Leo dice: “Todo comportamiento, de nuestros hijos, es “conducido” por una necesidad. Hacemos lo que hacemos para satisfacer nuestras necesidades”. En mi opinión, esto también valdría para los adultos. ¿Cuántas veces no habremos discutido con alguien: nuestra pareja, padre, madre, jefe… por el simple hecho de querer, necesitar ser visto, mirado, tenido en cuenta, valorado, respetado…? El ser humano consciente o inconscientemente hace lo que sea con tal de poder satisfacer una necesidad.

 

Otra frase de Pam Leo: “Criemos a niños que no tengan que sanarse de su infancia”. Y también: “El nivel de cooperación, escucha y ayuda que recibimos de nuestros hijos es usualmente equivalente al nivel de conexión que el niño siente con sus padres”. Dicho de otro modo, si les respetamos, valoramos, tratamos con amor, ellos nos darán lo mejor de sí. Tenemos que dejar de hacerles a nuestros hijos lo que nuestros padres nos hicieron a nosotros o lo que muchos padres siguen haciendo a sus hijos hoy en día. Repetir modelos es lo fácil, cuestionarlos es lo difícil.

 

Las frases de Pam Leo son muy contrarias a como nos han criado y enseñado.

 

Cuando mis hijos se alteran, me alteran, gritan, se molestan, lloriquean… Siempre me pregunto qué necesidad no estarán teniendo satisfecha, qué he hecho mal o que no he hecho. Siempre, siempre hay un motivo valido para eso que hacen. Eso no quiere decir que lo que hagan nos guste o esté bien, este enfoque simplemente nos ayuda a ver las cosas tal y como son y no como nos han hecho cree que son. Ya he dicho en muchas otras ocasiones: "Un niño feliz, se siente bien, por lo tanto se porta bien”. “Un niño se porta “mal” cuando se siente mal”. Si hacemos todo lo posible por cambiar su estado de ánimo no tendremos que pelearnos tanto por cambiar su comportamiento.

 

Algo que en casa funciona muy bien es media o una hora de atención individualizada para cada hijo al día. Nosotros tenemos 3 y cuando uno lo pasa mal a veces nos es muy difícil poder satisfacer a los 3 a la vez. Ese rato de exclusividad es muy sanador. Hay ratos en que juego con ellos y hacemos turnos de 5-10 minutos de “mamá sólo para mí”. Me tumbo en la cama o en el suelo o me siento en el sofá y ellos se van turnando para estar a solas conmigo. Al ser muy poco rato solemos acariciarnos, besarnos, decirnos cositas al oído o simplemente estamos juntos sin más. Los otros dos miran o hacen algo. Así nos podemos pasar un rato largo. Ya sé que no es lo mismo que tener a mamá o papá en exclusiva mucho rato pero como yo estoy sola con ellos varias horas al día se me ocurrió esto y la verdad es que nos va de maravilla.

 

Una de las mejores cosas que podemos hacer por ellos y su bien estar es intentar evitar todas esas cosas o situaciones que les puedan desagradar o inquietar. A la mayoría de niños no les gusta estar en sitios cerrados con mucha gente y ruido y poca ventilación. Podemos evitar los grandes supermercados, los pabellones… Mi hija pequeña no soporta esos sitios y cuando tenemos que ir intentamos que su padre o yo esté por ella o la sacamos de vez en cuando fuera.

 

La clave está en sanar la causa de los síntomas de nuestros hijos, no en intentar cambiar o erradicar la conducta.

 

Cuando las necesidades físicas, emocionales, sociales, intelectuales… de nuestros hijos son satisfechas, no tienen la necesidad  ni el deseo de comportarse de ningún modo que nos pueda molestar.

 

Ellos, siempre, hacen lo que hacen para darnos un “toque” de que algo no va bien y necesitan de nosotros para ayudarles en ese auto-conocimiento de sí mismos. No podemos pretender que quieran aprender, que se preocupen por nosotros, que quieran colaborar… si están siendo molestados y distraídos por necesidades no satisfechas.

 

Hay muchos “expertos” por allí que nos dicen que cuando un niño no se comporta, necesita moverse, no quiere/puede aprender… tienen un desorden cerebral, que necesita terapia, ser medicado… Hay muy pocos defensores de los niños. La mayoría se ponen de lado de los padres y no de los niños. Pocos padres aceptarían de un “profesional” algo así como: “Es que ustedes no están tratando bien a su hijo, es que su hijo tiene necesidades insatisfechas, a su hijo no le pasa nada de nada, mejor que sea usted la que haga terapia y no su hijo…”

 

Si vemos el comportamiento de nuestro hijo como un “desorden” es como lavarnos las manos. Dejamos de responsabilizarnos para poder descubrir cuáles son esas necesidades y satisfacerlas. En contadas ocasiones hay realmente daño cerebral.

 

Cuando alguno de mis hijos se pone muy contrariado o se enfada por todo me pregunto: “¿He sido menos cariñosa últimamente?, ¿He estado forzándolo a hacer algo que no quiere?, ¿He estado poniendo excusas para no tener que jugar con él o escucharle?, ¿He estado dirigiendo su juego demasiado?, ¿He estado más con los dos mayores?, ¿He estado de mal humor o preocupada por mis asuntos demasiado?, ¿He estado diciéndole que juegue con sus hermanos o amigos en vez de prestarle más atención?, ¿Le he forzado a recoger sus cosas en vez de pedírselo amablemente?, ¿Les he estado dando prisas?...  Usualmente me doy cuenta de que la respuesta a una o varias de estas preguntas es un sí, sí, sí.

 

Una vez soy consciente de este “patrón” hablo con ellos y les pregunto cositas o les digo cómo me siento yo… En casi todas las ocasiones necesitan algo de mí o les ha faltado algo de mí o de su padre.

 

Se comportan de modo inestable cuando no se sienten conectados con nosotros.

 

Una vez sabemos esto, es un gran alivio. Siempre podemos parar y volver atrás y empezar a satisfacer todas esas necesidades congeladas. Ellos necesitan nuestra empatía, que entendamos sus sentimientos antes de que puedan cooperar  con nosotros.

 

Como nadie nos ha enseñado a criar de una forma natural en esta sociedad industrializada, muchos padres se encuentran con niños llenos de capas de necesidades insatisfechas.

 

Para, realmente, poder hacer todo esto (satisfacer las necesidades de nuestros hijos: las presentes y las pasadas) es imprescindible darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades no satisfechas. Seguro que arrastramos y tenemos muchísimas. Hablar con otras mamás o papás que crían de este modo ayuda mucho y si es el caso, podemos pedir ayudar. Tener ratos para hacer aquello que nos apasiona sana mucho. Yo por ejemplo, me encanta leer y escribir. Estar ahora escribiendo todo esto para mí y para todos/as vosotros/as es de gran ayuda. Seguro mañana me levanto con unas ganas tremendas de hacer cosas con mis hijos ya que mi necesidad está siendo, ahora mismo, más que satisfecha. Cuando estoy más de dos o tres días sin poder leer o escribir no soy la mamá que me gusta. Necesito hablar y mucho, necesito escuchar a otros, necesito silencio para poder pensar, necesito hacer algo de ejercicio o deporte, necesito comer sano, necesito hacer algo manual de vez en cuando, necesito escribir y/o leer a diario, necesito estar estudiando algo siempre…

 

No hay nada que nos sane más que tratar a nuestros hijos y a los de los demás de la forma en que nos hubiese gustado ser tratados de pequeños (de la forma en que legítimamente nos merecíamos). Al romper esa “cadena” empieza un ciclo nuevo.

 

El libro de Naomi Aldort, los de Alice Miller, los de Laura Gutman, artículos de Casilda Rodriganez me han ayudado mucho. Lo que más me ha/está ayudando es poder compartir con mi pareja y otras mamás y papás todo esto sobre la crianza de nuestros hijos. Y ahora que estoy estudiando y formándome como psicoterapeuta en Gestalt me siento en buen camino.