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martes, 24 de noviembre de 2015

Entrevista a Yvonne Laborda en una radio Colombiana RCPC

Aquí os dejo la entrevista que me hicieron el pasado sábado por la tarde. Fue un placer poder volver a hablar sobre aspectos tan importantes como: 
  • El dar voz a los niños
  • La importancia de respetar sus necesidades y ritmos 
  • La gran influencia de nuestra propia infancia
  • La necesidad de un Cambio de Paradigma



CLICK para escuchar la entrevista:    CELEBRA-CRIANZA CONSCIENTE

martes, 29 de septiembre de 2015

¿Por qué y para qué buscar alternativas educativas como el Homeschooling, el Unschooling o las escuelas libres y proyectos educativos?

Si lo que más nos preocupa e interesa es el bienestar físico, emocional e intelectual del niño y el hecho de que él o ella pueda llegar a ser la persona que ha venido a ser, nos daremos cuenta que para que él niño verdaderamente pueda conectar con su ser esencial más profundo necesitará de una mamá y un papá conectados emocionalmente con él y también el poder disponer de un entorno lo suficientemente seguro donde se le ayude a desplegar sus intereses, pasiones y talentos.

Educar es extraer del otro, dejar salir y florecer y no el hecho de querer introducir conocimientos académicos en el otro. Los niños ya son un todo y lo ideal sería permitir que ese todo se manifieste.  Ellos ya vienen conectados a su sí mismo. Somos los adultos y el entorno quienes les desconectamos de su verdadero ser. Salirse del sí mismo es un gran esfuerzo para el alma infantil ya que el niño debe reprimir aquello que es genuino: sus intereses, pasiones, ritmos e incluso su necesidad motriz.

Las emociones también son muy importantes a la hora de poder aprender. Las emociones afectan a toda la vivencia infantil. Desde el juego, la alimentación, las relaciones con iguales y posteriormente al aprendizaje formal. Las emociones pueden generar la guerra o la paz. Para que un niño pueda aprender libremente necesita sentir que sus necesidades son respetadas, satisfechas en la medida de lo posible y escuchadas por los adultos referentes.

El sistema límbico, o lo que es lo mismo, el cerebro emocional necesita ser estimulado para poder aprender y hacer las conexiones neuronales necesarias. Cuando un niño está estresado, preocupado, siente ansiedad, miedo, culpa o no se siente feliz ni está a gusto los niveles de cortisol y adrenalina se disparan y suben. Por tanto, hay una pérdida de riego sanguíneo en la base pre-frontal cerebral que nos bloquea la conexión neuronal y nos hace sentir que no podemos o no valemos… Dicho de otro modo, cuando un niño se siente feliz, valorado, tenido en cuenta, escuchado, seguro… los niveles de beta-endorfina suben y hay más riego sanguíneo en la base pre-frontal, por tanto aprender es más fácil al estar conectados con la creatividad y el ser esencial… Mario Alonso Puig lo explica muy bien y en una resonancia funcional magnética se pueden comprobar dichos niveles y sus efectos.

En resumen, para poder tener acceso al ser esencial de cada niño y a sus talentos innatos sería necesario dejarles conectar con sus propios ritmos y pulsos. Además de propiciar un ambiente seguro emocionalmente hablando. Acompañarles desde quienes ya son, desde el lugar de dónde vienen y permitirles llegar a dónde quieren llegar.

La enseñanza formal tradicional hace que el niño tenga que reprimir dichos ritmos ya que debe adaptarse al grupo o al profesor. Esta despersonalización debido a tener que hacer todos lo mismo al mismo momento, del mismo modo  y al mismo ritmo nos aleja totalmente de nuestro verdadero ser, de nuestros verdaderos intereses, deseos, ilusiones, pasiones y talentos. Llegamos a la adolescencia totalmente desconectados y sin saber quiénes somos, de dónde venimos y mucho menos a donde queremos y deseamos ir. Esto es un verdadero desastre ecológico para la humanidad. El aprendizaje dirigido y forzado no favorece el verdadero propósito que cada niño lleva dentro de sí. Los unifica y los separa y desconecta de quienes realmente han venido a ser. Los centros de enseñanza convencionales están organizados para el día a día de los adultos no del niño. No favorece el despliegue de la creatividad más bien la reprime. Los centro culpan a los padres y los padres se quejan de los centros. Y los niños son los rehenes. Nadie mira al niño ni a sus verdaderas necesidades. Hay que buscar soluciones a favor del desarrollo de los niños y no en su contra. Darles más voz y mirada. Tenemos que empezar a mirar por fuera del rebaño si realmente queremos que lleguen donde quieren ir. Hay que empezar a escuchar la voz del niño que nadie oye.

Nos cuesta confiar en el verdadero potencial humano ya que pocos confiaron en el nuestro. Cada vez hay mayor distancia entre la vivencia interna real de los niños y lo que se espera de ellos. Cuanta más distancia emocional haya entre la experiencia y la vivencia del niño y su entorno, menos podrá conocerse, comprenderse y desarrollarse.

¿Cómo aprende realmente un niño? 

Para poder aprender tenemos que tener interés, pasión y motivación intrínseca (la que nos viene de dentro, del corazón y no la motivación externa por medio de premios, amenazas y castigos). Los niños no necesitan ser motivados externamente o recompensados con premios o castigos para aprender. Los niños desconectados son los que no podrán saber que les gusta o qué les interesa. Donde hay un verdadero interés hay aprendizaje. No se puede aprender sin interés sino más bien sólo memorizamos. Y lo memorizado se acaba olvidando. Los niños aprenden más y mejor cuando están interesados en aquello que quieren o necesitan aprender. Para que un niño pueda interesarse por algo necesita poder ver, experimentar, preguntar… a su ritmo. Aprender es más emocional que racional. Las emociones juegan un papel fundamental en el aprendizaje. La creatividad sale de la pasión y no del razonamiento. Las pasiones salen del corazón del ser esencial. No hay nada que un niño pueda aprender de verdad que no sea desde su interior.

Realmente, ¿permitimos que esas pasiones se manifiesten? Podrá memorizar e introducir conceptos académicos que luego olvidará o no le servirán. Hay niños que han ido a escuelas convencionales durante años y acaban recordando muy poco porque nada de eso les interesaba ni lo necesitaban. John Holt ya lo decía: “Muy poco de lo que se enseña en la escuela se aprende, muy poco de lo que se aprende se recuerda y, por último, muy poco de lo que se recuerda se usa”. Un niño conectado podrá aprender a los 12 años una regla de 3 simple en 5 minutos y recordarla el resto de su vida.

Las escuelas alternativas, los hogares o los proyectos educativos deberían ser lugares donde los niños pudieran ser ellos mismos sin expectativas académicas de los adultos allí presentes. La mirada no debería estar en CÓMO de bien hacen algo sino en QUÉ es lo que están haciendo, qué les motiva, qué les interesa, qué les apasiona… Conseguir fomentar esas pasiones y no apagarlas debería ser la función real de la madre, padre o adulto acompañante. Identificar dichos talentos es fundamental. Todos venimos con algo para ofrecer a la humanidad aunque muy pocos logremos hacerlo realidad.

Algunos niños creen que no tienen talento ni pasión, que no valen, que no sirven para estudiar. Son niños adaptados, resignados, desconectados de un ser. Tuvieron que dejar de escucharse para obedecer y complacer a los profesores o los padres. Dejaron de poder ser ellos mismos y reprimieron todo lo que tenían para ofrecer al mundo. 

¿Como podemos recuperar a ese ser esencial escondido y dormido? 

Preguntando al niño o adolescente qué necesita, qué quiere, que desea, qué podemos hacer por él. Intentar recordar qué es eso que nos pedía y no escuchábamos: mirada, juego, conversación, amor, caricias, besos, atención, presencia, tiempo en exclusiva… Podemos empezar a dar todo eso que no pudimos anteriormente. Intentar dejarle ser él o ella misma sin juzgar lo que hace, cómo lo hace, cuándo lo hace y a qué ritmo lo hace… Interesarnos por lo que realmente le interesa. Y si está tan desconectado que parece que ya nada le interesa podemos empezar a proponer sin imponer y a involucrarnos más en su día a día y hacer más cosas juntos. Lo más importante es respetar los ritmos internos de sueño, hambre, juego, silencio, movimiento… Necesitará tiempo y libertad para poder aprender a escucharse y a confiar en su verdadero ser esencial. Necesitará de nuestra seguridad e intimidad emocional para poder confiar en nosotros y llegar a poder abrirse de nuevo. Para tener acceso a nuestro ser necesitamos conectar con la diversión, el juego, el placer, la motivación intrínseca, los intereses, deseos y pasiones. Y para ello un niño o adolescente necesita saber que eso que desea o necesita es válido, correcto y aceptado por los padres y demás adultos referentes. Sin seguridad emocional no hay conexión emocional. Muchos adolescentes desconectados eligen estudios o profesiones por descarte, por el sueldo, por la salida profesional, por complacer a los padres, por las notas… Muy pocos saben quiénes son realmente y que desean ofrecer o qué les gusta. Todos tenemos talentos y dones esperando ser vistos y esperando tener permiso para salir. La desconexión total de nuestro verdadero ser puede llevar a la depresión. 

En el proceso evolutivo y educativo estamos todos, no vale culpar la sociedad o las escuelas. Las escuelas son una necesidad social del adulto. Un niño no necesita de una escuela para aprender, crecer y desarrollarse. Necesita unos padres amorosos que le aceptan y le quieren por ser quien es. Necesita de un entorno seguro e interesante para poder ir interesándose por la vida. Necesita de otros adultos acompañando dichos intereses y fomentando de nuevos. En la primera infancia lo único que un niño necesita es poder jugar y jugar. Ese es el diseño original. Si los niños tuvieran la libertad de hacer lo que más necesitasen las 24 horas del día, en la primera infancia se pasarían el día entero jugando. Jugando es cómo aprenden sobre el mundo que les rodea. El niño mientras juega hace montones de conexiones, simboliza con el juego todo aquello que no entiende de este mundo, utiliza su imaginación para reproducir vivencias que le producen miedo o ansiedad. El juego, si es libre y no dirigido por el adulto, puede llegar a ser muy terapéutico, sanador y aunque a veces no nos lo parezca, es una de las mejores herramientas que tienen los niños para aprender casi de todo. Preguntémonos: ¿Qué es lo que podemos hacer  por nuestros hijos o por los demás niños? No olvidemos que los niños no son recipientes vacíos que hay que llenar. Ya vienen llenos y deberíamos permitir que florezca lo que ya llevan dentro.

El niño como mejor aprende es vivenciando y experimentando. El aprendizaje formal es muy teórico y muy poco real y natural. Hay niños físicos, musicales, manuales, creativos, mentales, naturistas… Howard Gardner ya nos habla de las inteligencias múltiples y el cómo hay diferentes formas de aprender lo mismo. Hay niños que prefieren leer sobre los temas que les gustan, hay quien les gusta ver un documental, hay quienes prefieren conversar o escuchar mientras alguien explica o lee. Hay niños que necesitan hacer algo con sus propias manos para poder comprenderlo mejor… Hay niños que calculan mentalmente mejor que con lápiz y papel, hay quienes les ayudan utilizar materiales didácticos, hay quienes siempre utilizaran las calculadoras… Aprender es emocional y no solamente racional e intelectual. Muchas escuelas sólo se fijan y se enfocan en lo académico e intelectual sin tener en cuenta el mundo emocional del niño ni sus verdaderas necesidades. Lo que un niño no necesita es estar seis u ocho horas desconectado de sí mismo haciendo lo que otros están decidiendo por él. Un niño realmente concentrado en aquello que le gusta e interesa es un niño conectado.

Lo más importante no es si los niños van a una escuela convencional, alternativa o libre. O si son educados en casa académicamente o autónomamente respetando sus ritmos e intereses. No hay una mejor manera. Cada niño tiene necesidades diferentes. Lo importante es que cada niño pueda conectar con quien es y desplegar ese ser que ha venido a ser.

¿Y si no podemos desescolarizarlo o llevarlo a una escuela alternativa?

Lo más importante para el niño es que su madre le sienta y le entienda. Si mamá puede sentir el mal estar o la desconexión del hijo y se la nombra y empieza a validar sus emociones el niño se sentirá tenido en cuenta, escuchado, seguro y comprendido. Aunque tenga que seguir yendo verá que su mamá sí se interesa por él y por lo que le pasa. La única verdad es aquello que el niño manifiesta. Debemos intentar ver aquello que le pasa al niño que es verdad. Tenemos que sentir lo que le pasa. Ponerle palabras y hacer algo al respecto.

NOTA: Este próximo mes de octubre 2015 vamos a tratar en la TRIBU DE MADRES CONSCIENTES este tema (aprendizaje formal y autónomo) junto con todos los demás  temas relacionados con la Crianza Consciente. Te invito a unirte: CLICK

viernes, 17 de julio de 2015

El cerebro del bebé por sue Gerhardt.

Los últimos estudios científicos demuestran que la mejor manera de luchar contra las enfermedades mentales, incluso contra la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad, es ocuparnos de los bebés. En este capítulo de la serie Redes, dirigida por Eduard Punset, se analizan los factores que influyen en el desarrollo del cerebro del bebé.

Incluye una entrevista a Sue Gerhardt, quien ha dedicado toda su vida al estudio de los bebés y la influencia del afecto emocional del bebé en su vida adulta.


viernes, 19 de junio de 2015

Niños etiquetados. La sociedad que no deja que los niños sean niños.



Quiero dar voz a esos niños y niñas muy sensibles al ruido, a la gente, a las etiquetas de la ropa, a las costuras… Seguiré dando voz a esos niños tan motrices y con una gran necesidad de movimiento, a esas niñas tímidas,  a los que necesitan su tiempo para adaptarse a los cambios, a las que no les gusta el olor o la textura de algunos alimentos, a los que cambian de actividad con frecuencia, a los que empiezan 10 cosas a la vez, a los más creativos y menos intelectuales… A todos y cada uno de estos niños y niñas maravillosos y únicos seres van dedicadas las siguientes líneas, más bien se las dedico a los adultos responsables de dichos niños y niñas (padres, madres, maestros, abuelos, tíos, vecinos y profesionales…)

Es difícil entender, comprender y aceptar que un niño no quiera ponerse los calcetines que hemos escogido, que no quiera terminarse el plato, que no le apetezca dar un beso a la abuela, que no nos dé las gracias, que le moleste la luz intensa o el ruido, que no pare quieto... Hay niños muy sensibles a las costuras y les molesta mucho el roce que producen los calcetines en el zapato. Hay calcetines sin costuras que seguro les gustaría llevar. O también se los podemos poner al revés. Conozco un niño que siempre quería ponerse los calcetines del revés hasta que su madre le trajo un día unos sin costuras.

Es tremendamente inquietante para algunos adultos ver a un niño moverse de un lugar a otro corriendo, saltando, brincando… Solemos decirles: “anda bien, siéntate bien, come bien…” Cuando para ellos ya lo están haciendo “bien”. Ellos están cómodos haciendo las cosas a su modo y a su ritmo. Somos los adultos los que no podemos ni sabemos cómo gestionar la actividad y espontaneidad de nuestros hijos o alumnos. Y yo me pregunto: “¿Por qué será?” Será porque de niños a nosotros tampoco nos dejaron mover ni nos respetaron… Hacer que un niño tenga que reprimirse motrizmente es algo que en un futuro le saldrá de una forma desplazada: tienen reacciones desproporcionadas ante sucesos, actúan desde la reacción emocional automática gritando o pegando. También pueden llegar a ser personas psicológicamente inseguras y con una autoestima muy baja. Académicamente no pueden rendir bien ni concentrarse si su necesidad motriz no es satisfecha.

Las emociones reprimidas en la infancia no desaparecen como por arte de magia al no ser satisfechas o negadas. Se intensifican al ser actualizadas. Las emociones son para ser expresadas. La naturaleza así lo diseño. No sentimos para luego reprimir, sentimos para poder expresar y sacar… Una emoción “guardada” sale en forma de “explosión emocional” cada vez que un adolescente o un adulto conecta con algo que le recuerda “eso” que ya vivió en su infancia. Le es familiar. Yo solía encenderme por dentro hace 15 o 20 años cada vez que alguien me criticaba, juzgaba o me cuestionaba. Conectaba con la niña que había sido y con el desamparo, falta de atención y mirada. Cuando no podía sostener una situación explotaba y no me podía responsabilizar de aquello que estaba sintiendo ya que no lo comprendía ni sabía por qué me sentía así. Luego con los años, después de mucha indagación personal, estudio y observación me di cuenta de que todo me venía de mi infancia y de cómohabía sido hablada y tratada. Las emociones que entonces debía reprimir se actualizaban en el presente. Con 5 o 7 años lloramos, de adultos explotamos… La vivencia interna es la misma pero la reacción es distinta.

Cuando oigo decir que hay bebes o niños de “alta demanda” me pregunto si no habrá madres de pocos recursos emocionales o a quienes les cuesta fusionar y conectar con sus hijos. Cuando hay una desconexión o falta de fusión emocional por parte de la madre hacia el hijo, (algo muy común, hoy en día, si ellas tampoco estaban fusionadas ni conectadas con sus propias mamas) este lo nota ya que el bebé o niño sí está fusionado emocionalmente a la madre. Al sentir dicha falta o carencia de conexión y fusión por parte de la madre hacia el hijo, él o ella empieza a pedir aquello que legítimamente la naturaleza programó: contacto, pecho, mirada, atención, presencia… Y como no lo recibe sigue pidiendo cada vez más y más… No se trata de culpar a la madre, ella no tiene recursos emocionales suficientes. Pero tampoco se trata de etiquetar al niño de demandante. Hay un desequilibrio entre lo que el niño necesita y lo que la madre es capaz de dar. Nos es más fácil decir que el niño pide demasiado. Nadie pide lo que no necesita, nadie. Quizás necesite más de lo que nosotras emocionalmente podemos darle.

Solemos interpretar lo que el niño necesita y quiere desde lo mental y racional. También les comparamos y emitimos juicios. Interpretar no es sentir ni mucho menos estar fusionadas ni conectadas emocionalmente… Interpretar es dar lo que nosotras pensamos que el niño quiere, no lo que realmente está necesitando. Interpretar no es satisfacer sino suponer. Interpretar es desde la cabeza. Fusionar y conectar es desde lo instintivo, desde el corazón.

Podemos seguir etiquetando a los niños de hiperactivos, hipersensibles, de alta demanda, superdotados, de altas capacidades, agresivos, mal comedores, antipáticos, tímidos, extrovertidos, habladores… No dejan de ser niños y cada niño es diferente y tiene diferentes necesidades, intereses y ritmos.

Esas palabras, a mi entender, no son más que opiniones o juicios aunque sean diagnosticados por profesionales llamados expertos. Cuando un niño es llamado hiperactivo es porque un adulto cree que se está moviendo más de lo “normal” o más de lo que ese adulto puede soportar, tolerar  o gestionar… ¿Cómo  podemos saber eso? Comparándolo con otros niños, ¿verdad? Y ¿Que niños son esos? Yo me pregunto, son niños libres, respetados y aceptados y amados incondicionalmente o son niños adaptados a una sociedad hecha por y para los adultos… Muchos niños dejan de moverse por que no se les permite y han aprendido a reprimir esa actividad corporal desplazándola  en otras actitudes: violencia, morderse las uñas, necesitar ver mucha pantalla para no escuchar su cuerpo, comer… Incluso pueden llegar a somatizar se en su propio cuerpo. La enfermedad se manifiesta por síntomas.

A muchos adultos nos cuesta ponernos en el lugar de estos niños. Queremos y creemos que deben comportarse de un modo en particular y se nos olvida que ser niño es precisamente ser auténticamente espontaneo.

Por qué en vez de querercambiarlos a ellos no intentamos cambiar nuestra forma de verlos y de relacionarnos con ellos. Cuando cambiamos nuestra forma de mirar, las cosas y personas que miramos cambian de forma. En vez de pedir ayuda para corregirlos y diagnosticarlos podríamos pedir ayuda para entenderlos y acompañarlos.

Etiquetar a un niño es dejar de responsabilizarnos y pensar que el problema lo tiene el niño. Ya podemos decir: “es que es esto o tiene esto o lo otro” como si nosotros no tuviéramos nada que ver con ese “diagnostico”.

Aceptar a un niño tal y como es nos cuesta mucho y pensar que le pasa algo es más fácil que intentar ver qué es lo que necesita y como satisfacer dicha necesidad sea de movimiento, silencio, contacto, escucha, mirada, descanso…

La sociedad en la que vivimos no mira a los niños sino que exige a los niños que miren a los adultos. No damos a los niños primero para que luego ellos estén llenos y puedan dar a su vez. Les pedimos, les exigimos, les ordenamos, les amenazamos, les castigamos, les gritamos, no les dejamos ser niños en un mundo de adultos. Necesitamos que se comporten como adultos aun siendo niños. Nos cuesta acompañarles y satisfacerles, no tenemos tiempo para ellos… Ellos son el futuro y sobreviven como pueden… Acaso se nos olvidó que nosotros también tuvimos que pasar por eso y precisamente ese olvido hace que la historia se repita.

Abramos los ojos de par en par y empecemos a recuperar el vínculo perdido. Si no lo hacemos en esta generación casa vez será más difícil.


Corre ves y mira a los niños con otros ojos. 

viernes, 8 de mayo de 2015

MEMORIA EMOCIONAL: El poder del pensamiento y la palabra.

Fuente:  click

Quiero compartir esta información la cual me parece muy importante e interesante. 

Psiconeuroinmunología: Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.
“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional.
Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente. 
“Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas. Soy católico. Acabo de publicar Madera líder (Empresa Activa) IMA SANCHÍS – 18/10/ 2004 “
– Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión? 
-Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria. 
– ¿Psiconeuroinmunobiología? 
-Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. 
– ¿De qué se trata? 
-Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal. 
– ¿Qué tipo de cambios? 
-Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas. 
– ¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios? 
-Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios. 
– ¿Cambiar la mente a través del cuerpo? 
-Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental. 
– ¿Dice que no hay que ser razonable? 
-Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando. 
– Exagera. 
-Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretacion de la realidad. 
– Más recursos…. 
-La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades. 
– ¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras? 
-Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. 
– ¿Seguro que no exagera? 
-No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos. 
– ¿Hablamos de filosofía o de ciencia? 
-Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%. 
– ¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas? 
-Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia. 
– ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? 
-El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. 
– La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente. 
-Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente. 
– Deme alguna pista. 
– Deme alguna pista. 
-Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia. 
– Ver lo que hay y aceptarlo. 
-Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. 
Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

Texto de Edgar Mendizabal.

sábado, 18 de abril de 2015

GRACIAS

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Hoy necesito dar las GRACIAS a las, 40 participantes inscritas a mi taller sobre LA COMUNICACIÓN CONECTIVA, EMOCIONAL Y EMPÁTICA. También darle las gracias a mi querida compañera de camino Maria José Cifuentes por su apoyo incondicional y su ayuda técnica. Sin ella este taller no hubiese sido posible. 

Ayer tuvo lugar la primera sesión y el 23 haremos la segunda. Para mi ha sido un gran placer el haber podido compartir una parte de mi con todas vosotras. Es maravilloso ver como no estamos solas en este camino y que juntas nos podemos empoderar, inspirar, ayudar e incluso sanar.

Gracias por estar aquí. Un abrazo y un beso chicas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


sábado, 11 de abril de 2015

La importancia de satisfacer las necesidades primarias, básicas, motrices e intelectuales de los niños.

Este es el artículo que me publicaron en la revista TU BEBE del mes pasado.



Para poder criar a nuestros hijos de la forma en que la Naturaleza y la Vida misma lo programó, estableció y diseñó, primero tenemos que poder conectar con nuestras propias necesidades no satisfechas y luego averiguar qué es lo que un niño realmente necesita.
¿Cuáles son esas necesidades básicas y primarias?
Las necesidades primarias más básicas serían las siguientes:
  • Fisiológicas: Necesidad de alimento (lactancia materna), bebida y refugio. Para un bebé esto sería contacto y apego. Satisfaciendo dichas necesidades se garantiza la supervivencia.
  • Seguridad: Sentirse protegidos y psicológicamente y físicamente seguros, acariciados, besados, amparados, mirados y escuchados. Esta necesidad la tienen los bebes, los niños e incluso los adolescentes.
  • Motrices: La posibilidad de moverse y desarrollarse en libertad. Necesidad de movimiento espontaneo libre constante.
  • Pertenencia y amor: Sentirse queridos, aceptados, tenidos en cuenta y saber que pertenecen al grupo y a la familia.
  • Estima: Necesidad de respeto y valoración por quienes son, el sentirse útiles.
  • Auto realización: La necesidad de crecer, aprender, evolucionar, el autoconocimiento, conocimiento intelectual, razonar, la necesidad personal de alcanzar la plenitud.
¿Por qué, hoy en día, necesitamos que alguien nos recuerde estas necesidades?
Hemos perdido la capacidad de fusionar y conectar con neutros bebés, niños y adolescentes. Estar fusionados con un bebé es sentir lo que el bebé siente y por tanto satisfacer su necesidad debería ser un acto instintivo. Cuando no existe tal posibilidad de fusión, debido a la falta de recuerdo emocional de dicha fusión en nuestra experiencia infantil, ser la madre que nuestros hijos necesitan que seamos no es tarea fácil ni se puede lograr sólo con buena voluntad. Tenemos que conectar con nuestra realidad personal. Lo que si solemos hacer es intentar interpretar lo que le pasa al niño y desde esa interpretación intentamos satisfacer su necesidad. Cuando interpretamos no estamos fusionando ni conectando. ¿Querrá mamar? ¿Estará sucio? ¿Tendrá hambre, frío, calor? Si llora mucho podemos pensar que es muy demandante. Esto se ve desde nuestra mirada adulta no desde lo que realmente le está sucediendo al niño. El bebé tiene dos instintos básicos de supervivencia: Succionar, el cual le proporciona el alimento, y el llanto, el cual le asegura la presencia de mamá para satisfacer su necesidad. Un bebé nace inmaduro y dependiente. Cuanto más satisfacemos dicha necesidad de apego, contacto, mirada, sostén… más seguro y lleno de mamá estará y por tanto menos dependiente será en posteriores etapas. Muy al contrario de lo que se suele pensar: Cuanta más mamá le damos más va a querer y precisamente es todo lo contrario: cuanta más mamá obtienen en la primera infancia más saciados y llenos están para afrontar su nueva deseada independencia. Si no podemos satisfacer la etapa de la dependencia es cuando quedan carencias emocionales no satisfechas las cuales arrastramos el resto de nuestras vidas.

Seguiremos necesitando la aprobación de los demás, la aceptación, nos costará estar solos y dichas carencias pueden llegar a desplazarse en forma de algún tipo de adicción. Muchas adiciones son simplemente tapa emociones. Intentamos llenar esos vacíos emocionales con algo (comida, alcohol, tabaco, drogas…). Laura Gutman tiene un libro fabuloso en donde explica esto en profundidad (adicciones y violencias invisibles). Los bebes llegan al mundo confiando y necesitando que un adulto pueda y esté dispuesto a satisfacer sus necesidades más básicas y primarias.Hay veces en que las madres no podemos satisfacer dichas necesidades por falta de fusión con el bebé y por falta de conexión con nosotras mismas. Nuestras infancias juegan un gran papel aquí. Ningún niño pide lo que no necesita.Podemos juzgar desde la mirada adulta si eso que pide es mucho o poco y decidir si queremos o no satisfacerle pero si realmente no lo necesitará no lo estaría pidiendo. No obstante, me gustaría diferenciar lo que es una necesidad de un deseo. Aquí estoy hablando de la necesidad de satisfacer necesidades primarias y básicas. Una necesidad real de alimento, contacto, apego, amor, calor, mirada, aceptación, movilidad… no puede esperar. Podemos imaginar o interpretar lo que le pasa al bebé o al niño pero para volver a poder vivirlo y sentirlo en nuestras entrañas como algo propio vamos a necesitar varias generaciones.
Ninguna mamífera del reino animal natural o salvaje necesita leer ningún libro ni que nadie le expliqué qué tiene que hacer para parir a su cría, ni cómo hay que amamantarla, ni explicarle que lo que el cachorro necesita es de contacto continuo o que duerma cerca de él… Una hembra mamífera lo hace por instinto, porque eso es lo que ella recibió y porque la naturaleza así lo diseñó.
¿Qué nos impide a las mamíferas humanas fusionar y conectar con nuestros hijos?

Precisamente, esa falta de fusión y conexión en nuestra infancia. Quizás nuestras abuelas ya no pudieron fusionar con nuestras madres… En algún momento, en la era de la industrialización, se cortó la cadena, nuestro instinto se perdió por el camino y empezamos a criar a nuestros hijos desde otra mirada. Solemos intelectualizar la crianza. Pensamos, juzgamos, razonamos e interpretamos desde la cabeza en vez de simplemente bajarlo al sentir desde el corazón.
La psicología moderna suele escuchar primero y luego interpretar desde la mirada adulta. Nos cuesta ver y sentir desde el punto de vista del bebé, del niño o del adolescente y darles voz. Los adultos deberíamos poder satisfacer dichas necesidades y no esperar que los niños satisfagas las nuestras. En ocasiones es más fácil decir que nuestro hijo es un niño de alta demanda. Cuando no podemos satisfacer alguna de las necesidades de nuestros hijos quizás el problema no esté en el niño sino en nuestra capacidad de fusionar y conectar con élEs muy difícil poder dar algo que no se tiene o no se tuvo.
Pocos adultos tenemos registro emocional de haber tenido nuestras necesidades más básicas, emocionales y motrices satisfechas. Más bien teníamos que satisfacer las expectativas de nuestros padres y demás adultos.

¿Qué importancia tiene la necesidad motriz?

En mi opinión personal, la motricidad tienen mucha más importancia que la que le solemos dar. Un niño en plena etapa sensorio-motriz necesita poder moverse en plena libertad todo el tiempo que su cuerpo se lo pida o lo necesite.No obstante, nuestra sociedad no está diseñada para dar voz a los niños ni tampoco permite, siempre, el poder satisfacer dicha necesidad. Pocos adultos nos damos cuenta de su importancia. Muchos niños a los que no se les permite moverse en libertad cuando su cuerpo hierve por dentro desplazan esa necesidad en forma de mal estar.Dicho mal estar no les deja concentrarse por tanto pueden llegar a tener lo que hoy en día llamamos “problemas” de aprendizaje. Los niños necesitan moverse muchísimo más de lo que muchos adultos estamos dispuestos a dejarles. Vivimos en pisos o casas pequeñas llenas de muebles hechos para los adultos. Muchos niños pasan largas horas en la escuela en donde tampoco se les permite mover lo suficiente. Hay niños que no pueden concentrarse ni prestar atención cuando se les pide que estén quietos y callados. Nuestro hijo mediano necesita poder moverse para pensar y concentrarse. Incluso jugando al ajedrez necesita cierta libertad para ir moviéndose. Los adultos lo vemos como un “problema” porque se nos olvidó que nosotros también necesitábamos movernos y quizás no se nos dejó. Si le pedimos a un niño que esté quieto y no se mueva para que nos preste atención. Puede llegar a estar más pendiente de que su cuerpo no se mueva que de lo que le estamos diciendo. Nuestro hijo escucha mejor y presta más atención cuando tiene libertad para moverse que cuando no la tiene.
Nadie nos ha enseñado a respetar las necesidades motrices y de desarrollo de nuestros hijos. Según Emmi Pikler estas necesidades son primordiales y fundamentales para luego tener un desarrollo óptimo del cerebro y más tarde un aprendizaje formal (intelectual).
Muchos pensamos que estamos criando con conciencia, con respeto y apego. Y que estamos satisfaciendo las necesidades de nuestros hijos pero su comportamiento, en ocasiones, nos demuestra que no siempre es así. La próxima vez que nuestros hijos estén inquietos, incomodos o tengan alguna actitud molesta o que no nos guste preguntémonos: ¿Qué necesidad no está pudiendo satisfacer? ¿Qué podría hacer yo para ayudarle a satisfacerla?Puede que necesite moverse, tenga hambre, calor o sed. Quizás se sienta solo y necesite de nuestra presencia, escucha y mirada. A lo mejor se siente inseguro o tiene miedo a no ser aceptado, comprendido y querido. Ya he dicho en muchas otras ocasiones que “Un niño feliz, se siente bien, por lo tanto se porta bien”. “Un niño se porta “mal” cuando se siente mal”. Cuando perdemos la paz interna también se pierde la armonía de fuera. Y eso también nos pasa a los adultos. Cuando yo no me siento bien, feliz, en paz o alguna de mis necesidades no está siendo satisfecha es cuando no tengo tanta paciencia, ni puedo estar tan presente… La próxima vez que nos sintamos tentados a querer cambiar el comportamiento de nuestros hijos podemos preguntarnos: ¿Qué podría hacer o decir para que se sienta mejor? ¿Esto que quiero hacer o decirle puede ayudarle, nos conecta o por el contrario nos distancia? Si cambiamos su estado de ánimo y satisfacemos su necesidad veremos cómo su comportamiento también cambia como efecto secundario.
Querer modificar su comportamiento sin querer o poder ver la causa no hace que dicha causa o necesidad desaparezca. Una necesidad negada no desaparece sino que se desplaza. Y ese mal estar debido a que alguna de sus necesidades no está siendo satisfecha puede provocar frustración, angustia, ira, tristeza, falta de motivación, dificultades intelectuales, falta de interés, agresividad…e incluso puede llegar a deprimirse.
La clave está en sanar la causa de los síntomas de nuestros hijos. No en intentar cambiar o erradicar la conducta. Cuando las necesidades primarias, básicas, físicas, emocionales, motrices, sociales e intelectuales de nuestros hijos están satisfechas, no tienen la necesidad  ni el deseo de comportarse de ningún modo que nos pueda molestar.

Si vemos el comportamiento de nuestro hijo como un “desorden” es como lavarnos las manos. Dejamos de responsabilizarnos para poder descubrir cuáles son esas necesidades y satisfacerlas.
Los niños y adolescentes necesitan sentirse queridos, valorados, respetados por quien realmente son y no por lo que mamá o papá quieren que sea. Necesitan ser abrazados, acariciados, besados, masajeados, hablados y escuchados con respeto y poder jugar y moverse libremente. A demás de atención individualizada de mamá o papá cada día o por lo menos de vez en cuando. Sentirse seguros para poder equivocarse y luego rectificar si es el caso. Estar libres de críticas y juicios. Poder tomar sus propias decisiones. Saber que son importantes y que su opinión cuenta tanto o más que la nuestra.
Una vez satisfechas sus necesidades más básicas ya estarán preparados para el aprendizaje formal y la auto-realización.

Según la pirámide de necesidades de Abraham Maslow la necesidad intelectual viene en último lugar. Primero tenemos que haber tenido satisfechas las anteriores para luego poder alcanzar la más elevada.

¿Qué pasa cuando nos damos cuenta de que ha habido necesidades no satisfechas?
En caso de no haber podido satisfacerlas en un pasado por el motivo que fuese, aún estamos a tiempo de poder sanar esa relación entre padres e hijos y crear una relación de confianza, respeto y sobre todo de amor. Simplemente podemos estar dispuestos, hoy, a dar el doble de amor, el doble de comprensión, el doble de conexión, el doble de confianza, el doble de empatía, el doble de lo que les faltó en su día… para poder así sanar las heridas de necesidades no satisfechas. Siempre podemos parar y volver atrás y empezar a satisfacer todas esas necesidades congeladas.

No hay nada más reconfortante y sanador que tratar a cualquier niño de la forma en que nos hubiese gustado ser tratados a nosotros de pequeños. Al romper esa “cadena” empieza un nuevo ciclo. Seamos el cambio que nuestros hijos necesitan.

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